Las marcas internacionales son buenas. Las patentes internacionales son malas.
Las marcas registradas internacionales, bien. Las patentes internacionales, mal. El título de esta entrada es una simplificación excesiva destinada a demostrar una idea o, más exactamente, a desmentir un mito. No sabría decirte cuántas veces he visto a empresas entusiasmarse con la idea de gastarse un dineral en conseguir una patente y restar importancia a mi sugerencia de invertir una pequeña cantidad






